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Un demoledor testimonio del ex jefe del FBI complica a Donald Trump

James Comey afirmó que el presidente lo presionó para que frenara la investigación por el Rusiagate.

A sólo una semana de haber asumido como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump llamó el 27 de enero al entonces jefe del FBI, James Comey, para invitarlo esa misma noche a cenar a la Casa Blanca. El funcionario pensó que iba a ser una velada protocolar con otras personas, pero cuando llegó se dio cuenta de que eran solo ellos dos, sentados en una pequeña mesa en el centro del Salón Verde de la mansión de la avenida Pennsylvania.

El presidente comenzó la conversación preguntándole a Comey si quería seguir a cargo del buró de investigaciones, algo que el funcionario halló un poco extraño porque él ya le había asegurado en conversaciones previas que quería permanecer en su puesto. Trump replicó que mucha gente quería ese cargo y que él entendería si quería renunciar. Se notaba que el jefe de la Casa Blanca quería mostrar su autoridad en una conversación que Comey definió como “incómoda”. Fue en ese momento cuando Trump le dijo: “Necesito lealtad, espero lealtad”.

Así describió Comey su polémico encuentro con el presidente en un escrito de siete folios enviado al Comité de Inteligencia del Senado, donde debe declarar este jueves por la mañana en una esperada sesión, y que fue difundido el miércoles. El funcionario, que resultó despedido poco después, repasa los tres encuentros y seis llamadas que mantuvo con el mandatario. Comey tomó nota de todo y consignó la presión del presidente para que frenara su investigación sobre el “Rusiagate”, la supuesta injerencia de Moscú en la campaña presidencial del año pasado en contra de Hillary Clinton. También escribió que en otro encuentro le había pedido que dejara de investigar a Michael Flynn, su ex asesor de Seguridad Nacional, por sus vínculos con Moscú.

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Los bares de Washington abrirán bien temprano y tendrán las pantallas de televisión encendidas para que los clientes puedan ver el llamado “Superbowl político”, que rompe los ratings de interés de las cadenas televisivas. El testimonio escrito de Comey fue solo un anticipo de una sesión que tendrá luego preguntas y respuestas sobre el caso que muchos comparan con el “Watergate”, que obligó a renunciar en los años 70 al presidente Richard Nixon. La audiencia es clave porque podría llegar dar indicios de que el presidente cometió “obstrucción de justicia” al presionar a Comey y luego despedirlo, un cargo por el que podría, de ser demostrado, ser sometido a impeachment.

 

En su escrito, que parece una novela, Comey confirma con detalles lo que ya había trascendido hace semanas a la prensa. Describió su actitud luego del pedido de lealtad presidencial: “No me moví, ni hablé ni cambié mi expresión facial de ninguna manera en el silencio incómodo que luego se produjo. Nos miramos simplemente en silencio. La conversación siguió, pero cerca del final de la cena el tema volvió a surgir”. Entonces Comey le respondió que no le garantizaba lealtad, sino ser honesto: “Usted siempre tendrá honestidad”.

 

El siguiente encuentro ocurrió el 14 de febrero. También fue en la Casa Blanca. Terminada una reunión de seguridad, el presidente se quedó a solas con Comey. Ahí fue cuando el mandatario le pidió que cerrase la investigación sobre el consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, un personaje central de la trama rusa, que había renunciado poco antes. “Es un buen tipo. Espero que puedas ver la forma de dejar pasar lo de Flynn, espero que le puedas dejar ir”, le dijo Trump. Comey respondió: “Efectivamente es un buen tipo”.

 

A lo largo de las conversaciones, dijo Comey, Trump siempre defendió su inocencia y manifestó su malestar por la “nube” que suponía para su trabajo político la investigación. “El presidente me dijo que en el caso de que hubiese satélites asociados que hubieran hecho algo mal, sería bueno encontrarlos, pero que él jamás había hecho nada malo y que esperaba que yo encontrase la forma de señalar que no le estábamos investigando”.

 

Washington estará pendiente el jueves del testimonio de Comey, pero ya hubo un aperitivo. Los senadores interrogaron en audiencia pública este miércoles a Dan Coats, Director Nacional de Inteligencia; Michael Rogers, director de la Agencia Nacional de Seguridad; Andrew McCabe, director interino del FBI, y a Rod Rosenstein, Fiscal General Adjunto. Un artículo publicado por The Washington Post había afirmado que la Casa Blanca había presionado a Coats y Rogers para que negaran cualquier vínculo del comité de campaña de Trump con Rusia. Durante la audiencia, Coats y Rogers negaron enfáticamente haber sufrido presiones, pero se negaron con firmeza a ofrecer detalles de sus conversaciones con Trump.

 

Uno de los abogados de Trump, Marck Kasowitz, dijo que “el presidente se siente completamente reivindicado” con el testimonio de Comey y resaltó que el mandatario “no está siendo investigado” por el caso ruso. Trump fue más lacónico cuando los periodistas le preguntaron por la presentación de Comey en el Senado: “Le deseo suerte”, dijo.

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