Nassur Bacem, futbolista del Moncarapachense, falleció luego de desvanecerse durante un encuentro oficial en Portugal. El partido fue suspendido y el club expresó su dolor por una pérdida que golpeó al fútbol luso.
Nassur Bacem tenía 27 años y jugaba en el Moncarapachense.Nassur Bacem tenía 27 años y jugaba en el Moncarapachense.
El fútbol portugués amaneció con una noticia que sacudió a jugadores, hinchas y colegas. Nassur Bacem, futbolista de 27 años y miembro del plantel del Moncarapachense, murió luego de desplomarse en pleno partido, en un episodio que dejó una escena de dramatismo total dentro y fuera de la cancha.
El hecho ocurrió durante un encuentro oficial en el que el jugador se desvaneció de manera repentina, lo que obligó a detener el juego y activar el protocolo médico de emergencia. Mientras el estadio quedaba en silencio, el personal sanitario ingresó con rapidez para asistirlo ante la mirada desesperada de sus compañeros.
Minutos fatales
Según reconstruyeron medios locales, Bacem sufrió un paro cardíaco dentro del campo de juego. Los intentos de reanimación se extendieron durante varios minutos, en una carrera contrarreloj que conmovió a todos los presentes. Luego fue trasladado para recibir atención médica, pero la confirmación del desenlace terminó por quebrar el clima.
La suspensión del partido fue inmediata. Nadie siguió pensando en el resultado ni en la tabla: la prioridad pasó a ser la salud del futbolista y el impacto emocional que generó el momento, con integrantes de ambos equipos visiblemente afectados, cuerpos técnicos en estado de shock y gestos de oración entre el público.
El Moncarapachense, club al que pertenecía, quedó marcado por la tragedia. Desde la institución transmitieron su dolor por la muerte del jugador y acompañaron a la familia en un escenario atravesado por la incredulidad. La noticia se replicó rápidamente en redes sociales y en portales deportivos de todo Portugal.
Dolor y duelo
Con el correr de las horas, comenzaron a multiplicarse los mensajes de despedida y condolencias. No sólo desde su club, sino también desde otros espacios del fútbol portugués que se hicieron eco del golpe. En estas situaciones, el deporte deja al descubierto su lado más frágil: un partido puede cambiar de sentido en segundos y transformarse en un episodio que nadie imaginaba.
El testimonio del presidente del Moncarapachense, Nemésio Martins, graficó el impacto puertas adentro: habló de un momento “muy difícil” para todos y describió lo fulminante del episodio, pese a la presencia del médico y la asistencia inmediata. Sus palabras resumieron la impotencia de una escena que dejó al club sin respuestas.
Bacem era un futbolista joven, en una etapa de plena actividad, y su muerte reabrió el doloroso registro de casos similares que atraviesan al fútbol europeo cada vez que un jugador se desploma en la cancha. Aunque los controles médicos y las herramientas de asistencia avanzaron, el riesgo sigue existiendo y el impacto, cuando sucede, es devastador.
En el entorno del plantel, el golpe fue doble: por la pérdida humana y por el vacío inmediato que deja una muerte en plena competencia. Los compañeros, que compartían entrenamientos y vestuario, fueron testigos de la situación en tiempo real, un recuerdo que difícilmente se borre.
Debate abierto
La tragedia también reinstaló la discusión sobre prevención y respuesta ante emergencias cardíacas en el deporte. La presencia de desfibriladores, la rapidez del protocolo, el acceso médico y la formación para la asistencia son puntos que vuelven al centro cada vez que un caso de este tipo sacude a una liga.
Portugal quedó atravesado por un duelo que excede a un club y a un estadio. La muerte de Nassur Bacem, en medio de un partido, le recordó al fútbol su cara más cruda: esa que obliga a frenar todo, bajar el ruido y entender que hay derrotas que no se miden en un marcador.
