El presidente anunció que la policía y los alcaldes podrían decidir prohibir las manifestaciones. Además, acusó a la izquierda de estar detrás de los hechos de violencia. Hubo casi 2400 detenciones.
Este domingo, luego de las especulaciones durante la jornada sobre si el presidente francés Emmanuel Macron decretaría el estado de emergencia, una suerte de estado de sitio, tal como lo pedía desde la derecha el candidato a presidente por Los Republicanos, Bruno Retailleau, Macron se dirigió a la nación a las 20 horas locales en un breve discurso grabado de poco más de ocho minutos que no dejó conforme a nadie. Todos esperaban algo del presidente, dependiendo del lugar que ocupan en el espectro político; unos esperaban un anuncio que diera satisfacción a las demandas sociales, otros más represión, que escondían detrás del eufemismo “defensa del orden republicano”.
Macron anunció que los agentes de policía trabajarían con los alcaldes y podrían decidir prohibir concentraciones y movilizaciones en función de los contextos locales. El presidente, luego de condenar la violencia, aclaró que comprende las inquietudes de “cientos de miles de manifestantes” que salieron a las calles el sábado y que “no debemos confundirlos con los saqueadores”. Desde mañana irá a los países del golfo para asegurar los suministros de combustible. Macron presentó estos viajes a la península arábiga como una iniciativa para lograr estabilizar o hacer bajar el precio de los combustibles fósiles en Francia.
También el presidente tuvo palabras para los jóvenes estudiantes secundarios; dijo que los comprende, que sus palabras serán escuchadas, y mencionó los espacios anunciados por el ministro de Educación para facilitar que los jóvenes puedan expresarse. Esto último ha sido criticado por diputados de izquierda de La Francia Insumisa (LFI); dicen que es una forma de ganar tiempo, porque el gobierno conoce bien los problemas que existen en la educación y no necesita crear más comisiones o mesas de diálogo para resolver lo que está en su mano hacer.
En lo que pareció un mensaje para LFI, Macron llamó a todos los partidos políticos y sindicatos a condenar la violencia sin ambigüedad. Desde el propio campo macronista, Édouard Philippe, ex primer ministro del primer gobierno de Macron y también candidato a presidente por Horizontes, manifestó su desencanto con la alocución presidencial. En una carta publicada en la red X dirigida a Macron, le dijo: “He escuchado sus comentarios, sus deseos y voluntad loable de restablecer el diálogo”. Pero terminó con una ácida crítica a su antiguo jefe, donde deslizó que, más que comentarios, “nuestro país necesita ser gobernado”.
Este domingo, mientras se emitía la alocución presidencial, había jóvenes concentrados en la plaza de la República de París, que respondieron al llamado de los chalecos amarillos que no se identifican con los sindicatos, partidos políticos ni calendarios electorales. Los chalecos amarillos ya han anunciado que seguirán con su propia agenda de manifestaciones. Por la noche se vieron escenas de tensión con la policía, incluso hasta pasadas las 23 horas en el centro de París con algunos comercios atacados.
Por otra parte, el calendario de lucha de la intersindical continúa el jueves 5 de noviembre con la convocatoria realizada contra las políticas neoliberales del gobierno. Los sindicatos estudiantiles ya adelantaron que también serán parte de esta movilización.
A seis meses del fin de mandato de Macron, acosado por el aumento del precio de los combustibles, las demandas populares insatisfechas, las movilizaciones de distintos sectores que convergen, el gobierno ha tomado el camino fácil de buscar un chivo expiatorio. La misma noche del sábado, el primer ministro Sébastien Lecornu redujo la jornada de protestas masivas en Francia a episodios violentos y responsabilizó a la “ultraizquierda” y a La Francia Insumisa, liderada por Jean-Luc Mélenchon. Lecornu, en un lenguaje casi bélico, invitó a “elegir el campo”, ya sea el de “los violentos” o el de “los que defienden la república”.
Por su parte, Mélenchon le sugirió a Lecornú que siga el ejemplo del primer ministro Georges Pompidou, que en mayo de 1968 se reunió con todos los sectores involucrados en el conflicto social de entonces y concedió un aumento de 35% del salario mínimo, entre otras satisfacciones a los trabajadores. “Así hay que hacer, señor Lecornu, eso hay que hacer ahora, dar satisfacción a las reivindicaciones, no piden extravagancias… es el solo medio de volver a una situación normal”.
Los testimonios de los manifestantes del 17 de octubre le dan la razón a Mélenchon, como el de Malika, una mujer de chaleco amarillo de unos 45 años, que resumió por qué se movilizaba en Havre ese día: “¡Trabajamos y no nos queda nada! ¡Esto es un saqueo! Macron se ha vuelto loco, ¿cree que vamos a aguantar esto toda la vida? Estamos hartos y tememos por nuestros hijos. ¡Hay que levantarse y rebelarse!”.
Malika se movilizó junto a 550 mil manifestantes, según las cifras del gobierno, o más de 800 mil personas, según los chalecos amarillos, en 1700 puntos diferentes de la geografía francesa durante el sábado. Según el último balance oficial, la jornada dejó como saldo 2397 detenidos y 997 policías heridos. También ha habido jóvenes manifestantes gravemente heridos como consecuencia de la represión policial: una adolescente perdió un ojo en Mulhouse y otro joven de 17 años perdió una mano en Saint-Étienne.
En la víspera de la jornada de protestas del 17 de octubre, Macron pareció ajeno a los desafíos que enfrenta su gobierno; se lo vio junto a su esposa Brigitte en la sala del Plenitude Arena, donde se dieron cita 35 mil espectadores para el concierto de la cantante canadiense Céline Dion. Una gala donde se pudo ver entre el público a algunas celebridades como la cantante estadounidense Rihanna, a la ex primera dama Michelle Obama o a personalidades del deporte como Zinédine Zidane y el piloto de Fórmula 1 Lewis Hamilton. Este contraste entre la agenda personal del presidente y la de la calle hizo que algún periodista lo comparara con María Antonieta, la reina consorte de Francia, un símbolo del divorcio entre la vida de los nobles con la de los ciudadanos comunes, antes de que la Revolución Francesa la sentenciara a muerte en la guillotina.
Durante el sábado y el domingo, la mayoría de los medios de comunicación y de los políticos buscaron asociar a los manifestantes con la violencia, el ataque a la República y el vandalismo, olvidando los motivos de la movilización y de la cólera social, que son muy concretos, los cuales han quedado en segundo plano frente a las imágenes espectaculares de la alcaldía incendiada de Limoges, los enfrentamientos entre manifestantes y policías y los saqueos a comercios que protagonizaron en su mayoría personas muy jóvenes, muchos menores de edad.
Las reacciones de los principales líderes al día siguiente de la jornada de protestas fueron coherentes con las posiciones políticas que sostienen. Marine Le Pen, la candidata a presidenta que encabeza los sondeos por el partido de extrema derecha Agrupación Nacional, RN, en un discurso de 8 minutos, responsabilizó de la violencia urbana a La Francia Insumisa. Le Pen advirtió que “nuestro país está tomado como rehén entre la violencia y la impotencia. De un lado, las fuerzas de destrucción, alientan la violencia… Esta corriente con su rama política, LFI, y su rama armada, los grupos antifa, que nos quieren hacer creer que la violencia es un medio de expresión legítimo y una solución a los problemas de los franceses.” Le Pen no dio pruebas de sus acusaciones, tal como el gobierno de Lecornu tampoco lo ha hecho, frente a un Mélenchon que sostiene sistemáticamente como único método de reclamar la vía no violenta. Le Pen también adjudicó parte de la responsabilidad de los hechos violentos vividos el 17 de octubre a “un poder macronista sin aliento, agotado, desorientado, que parece incapaz de hacer otra cosa que comentar su propia impotencia, su propia decadencia. Tenemos un gobierno que deplora los eventos sin lograr prevenirlos, controlarlos o gestionarlos”. En síntesis, los ejes del discurso de la lideresa de RN pasaron por restablecer el “orden republicano” e involucrar a Mélenchon como un constructor del “caos”.
Por su parte, Mélenchon, segundo en las encuestas para las presidenciales, en una entrevista este domingo en la cadena televisiva LCI, dijo que estas acusaciones a su fuerza política de ser cómplice de la violencia son parte de la estrategia electoral por la campaña presidencial de 2027.
Mélenchon puso el foco en las demandas populares: “Nuestra juventud necesita que haya un buen fin a esta secuencia; sus reivindicaciones deben ser escuchadas”, en referencia a los reclamos que llevan adelante los estudiantes desde hace casi un mes. El insumiso también llamó a Macron a responder a las reivindicaciones de los chalecos amarillos: “Todos estamos de acuerdo en que las reivindicaciones están fundadas”, dijo el líder de LFI y enumeró a modo de ejemplo: “Hablamos de 9 millones de personas que están en la pobreza, de gente que no tiene para comer, de personas que están encerradas en sus casas porque no pueden salir a causa del precio del combustible”.
La sensación general que se recoge este domingo luego de ver grupos de personas, en su mayoría jóvenes, movilizados en París y la intervención del presidente que no da respuesta a las reivindicaciones sociales, es que la crisis política presente continuará.
