El último informe de La Macro en la Mira, del Centro de Estudios DEMOS, remarca la necesidad de apuntalar el mercado interno para atraer inversiones.
El modelo macroeconómico va en contra de la inversión y del trabajo. Y aun cuando el Gobierno nacional despliegue una serie de facilidades para atraer capitales, es un hecho que no irán al sector productivo –donde pueden generar empleo y mejorar la tasa de actividad–, sino al mercado financiero.
Esas son algunas de las principales conclusiones del informe “¿Qué pasa con la inversión que no arranca? (y, probablemente, no lo haga en el futuro)”, elaborado por el economista del Centro de Estudios DEMOS Ignacio Trucco.
El informe analiza el comportamiento de la inversión en la Argentina, las razones que movilizan esos procesos y arriesga hipótesis sobre qué se puede esperar en el contexto de la macroeconomía y de la política económica de Javier Milei y Luis Caputo.
El trabajo muestra que la inversión no crece pese a las medidas del Gobierno nacional orientadas a ese fin: regímenes de incentivos como el RIGI y el RIMI, flexibilización de las leyes laborales (a favor de las partes contratantes), blanqueos de capitales, reformas fiscales y desregulaciones orientadas a promover la inversión privada.
“Por el contrario –señala el informe–, la inversión ha mostrado un desempeño claramente peor al visto en períodos anteriores cuando, al parecer, no regía ni la libertad de empresa ni el derecho fundamental a la propiedad privada”.
La relación entre inversión y exportaciones
El informe considera como inversión a “la movilización de recursos que tiene por objetivo formar capacidades productivas, es decir, máquinas y edificios que permiten ampliar la capacidad de producción”.
Es lo que se suele etiquetar con la expresión “formación bruta de capital fijo” (FBCF) en el campo de las cuentas nacionales y que reúne tanto los bienes de capital (nacionales o importados) como las construcciones edilicias orientadas a la producción”.
Para entender qué pasa con las inversiones, es necesario sumar al análisis la variable de las exportaciones porque, como señala el autor, “evaluar la dinámica de la inversión no puede tratarse con independencia de las restricciones económicas existentes, particularmente las que impone el sector externo”.
En ese sentido, Trucco afirma que “la inversión encuentra en la restricción externa un límite difícil de superar dadas la fragilidad financiera de la Argentina en el mercado mundial de capitales”.
“Podríamos redefinir el problema de la restricción externa como el límite que la inversión encuentra en la disponibilidad de dólares provenientes de la exportación. Sin embargo, hay momentos muy particulares donde la restricción externa no es estrictamente operativa, porque la inversión cae a pesar de que las exportaciones crecen. Esto se puede ver entre 1998 y 2002, entre 2018 y 2019 y, finalmente, desde 2024 hasta el presente”, afirma Trucco.
En esos períodos, las dos características centrales de los programas macroeconómicos es que se basan en la apreciación cambiaria y la valorización financiera de los excedentes y, simultáneamente, se han quedado sin ingreso de capitales para solventar los costos adicionales en divisas que estos suponen.
“Cuando no hay fuentes de financiamiento externo para empujar la actividad (e inversión consecuente), esta debe retroceder para evitar la crisis del balance de pagos o, incluso, para pagar la salida de capitales asociadas a estas crisis”, añade el informe.
En el caso de la crisis de la convertibilidad, la diferencia entre las exportaciones y la inversión –que puede ser interpretada como una medida del esfuerzo nacional para sostener regímenes cambiarios basados en la apreciación– alcanzó un máximo del 15% del PIB y un promedio trimestral del 5,8%. En la crisis de 2018-2019, el promedio de este indicador fue del 5,7%, mientras que con la actual administración fue del 5,4%.
“La diferencia particular en este caso es que el plan de Caputo y Milei nunca vivió las épocas buenas de la apreciación y esta se basó, prácticamente desde el momento inicial, en el esfuerzo de la sociedad para sostener la salida de excedentes hacia fines improductivos como el atesoramiento, la importación de lujo y el turismo emisivo”, sostiene el autor del informe.
En los períodos de apreciación cambiaria, cuando ingresa financiamiento externo la tasa de inversión se acerca a las exportaciones, pero cuando el financiamiento se va, el esfuerzo recae sobre la actividad interna y la inversión se desploma. “El gobierno actual nunca tuvo financiamiento suficiente y, para sostener el régimen cambiario, hizo recaer el esfuerzo sobre la economía real y eso se puede ver en la decepcionante tasa de inversión registrada desde 2024”, agrega Trucco.
¿Y la inversión extranjera?
Las cuentas nacionales muestran que los regímenes de promoción de las inversiones no tienen el efecto esperado por una razón muy sencilla: no son estos regímenes los que definen la tasa de inversión de una economía compleja y de tamaño medio como la argentina. En este caso, la demanda y la actividad interna constituyen un motor esencial, que a la vez queda limitado por las capacidades exportadoras del país.
“También es cierto –continúa Trucco– que existen ciertas inversiones que, a priori, pueden no responder a la demanda interna, sino que se movilizan desde el exterior, lo que se conoce como Inversión Extranjera Directa (IED) que normalmente se asocia al desarrollo de actividades exportadoras. Sin embargo, esto puede darnos una imagen distorsionada de estos procesos de inversión pues, en una economía como la argentina, en donde el mercado interno resulta relevante macroeconómicamente, la IED también tiene un vínculo estrecho con éste”.
El economista de DEMOS sostiene que “a pesar del aumento de las exportaciones post 2021, la inversión extranjera no se vuelve a recuperar dinamismo ni las acompaña, porque precisamente el mercado interno no se desarrolla conjuntamente”.
De la inversión extranjera que llega a la Argentina, una parte puede ser vendida en el exterior, pero otra parte tiene como destino el mercado local para luego remitir utilidades. Si el mercado local se estrecha, porque el régimen macroeconómico no lo favorece o directamente no lo permite, entonces la inversión externa tampoco se moviliza. “Las inversiones con un perfil estrictamente exportador pueden persistir, como las del subgrupo de Minería, Petróleo y Gas, pero los montos no son particularmente espectaculares. Al contrario, lejos están de los valores máximos vistos entre 2011 y 2014”, agrega el informe.
El modelo vigente contrae el mercado interno para favorecer el drenaje de recursos en un régimen de apreciación cambiaria y financiera: “Argentina tiene un mercado interno determinante para su evolución macroeconómica y en relación con ello deben considerarse sus principales agregados y su funcionamiento. Poco importa a la realidad los anuncios de cifras espectaculares de inversiones que después no mueven los indicadores. Puesta en este contexto, se puede ver con claridad que la inversión es un problema, pero no un enigma sin respuesta, y que la racionalidad de fondo del modelo macroeconómico puesto en marcha va en contra de la inversión y del trabajo”.
Link al informe completo
https://drive.google.com/file/d/1tEsOVakXAINFQpzL_Vt2OA4CaXh6EwXE/view
