Se titula simplemente “Take That”, y permite una mirada honesta sobre ese mega exitoso experimento pop en su era industrial, al tiempo que por sus imágenes inéditas resulta un auténtico tesoro para sus fans.
Entre todas las arquitecturas de la música pop, hay una tan firme como subestimada: la de la boy band. Se pueden rastrear sus orígenes a los 70, con The Jackson Five y los Bay City Rollers, pasar por la primera expansión en los 80 con New Kids On The Block y Menudo, y confirmar su vigencia con One Direction y el K-Pop, en particular BTS y Stray Kids, aunque el fenómeno coreano es un terreno diferente, un salto hacia adelante en todo sentido incomparable a las boy bands tradicionales
En ese sentido, Netflix acaba de estrenar una miniserie documental a propósito de la más importante boy band de los años ‘90, Take That, que sigue activa en una formación reducida de trío. Take That, la serie, narra con notable honestidad su devenir y sus conflictos, pero además sirve de paciente cero para esa encarnación específica de pop: un grupo de adolescentes o apenas veinteañeros, cantantes y bailarines, con coreografías y voces armónicas, cada uno con su estilo diferenciado, y un management de hierro detrás, controlando todo para ofrecer un producto probado y de alta calidad. Las boy bands fueron y serán ridiculizadas aunque en ese desdén emerjan artistas como Justin Timberlake, Harry Styles, Robbie Williams, Ricky Martin y Draco Rosa, por ejemplo; en todo abordaje burlón de la cultura pop, el tiempo termina demostrando la relevancia y la complejidad de los fenómenos. ¿Qué pasa con estos chicos cuando crecen? Algunos se convierten en grandes estrellas, pero ¿dónde están los demás? ¿Cómo viven esa manipulación temprana y el destino de muerte prematura de sus carreras? ¿Qué hacen con la vida por delante? En las boy bands hay enormes desdichas y soledades, como la de Nick Carter de Backstreet Boys, perseguido por problemas de adicciones y legales, o Liam Payne de One Direction, que murió al caerse del balcón de un hotel en Buenos Aires. Take That explora la trayectoria de la mejor boy band de los 90, que compartió época con Oasis y Blur: es un buen momento para mirar con atención el fenómeno, porque hoy aquellos chicos son adultos, la primera generación en llegar a la mediana edad después de atravesar ese mega exitoso experimento pop en su era industrial. Y es un tesoro para los fans, con treinta cinco horas de material de archivo, entrevistas nuevas y shows en vivo de todos los tamaños.
Los Take That fueron elegidos en Manchester por el manager Nigel Martin-Smith, que buscaba formar una banda que apelara a varios segmentos de público, con integrantes que fuesen de clase trabajadora. En 1989 conoció a Gary Barlow, de 20 años, fan de Elton John que escribía su propio material. Le armó una banda alrededor: Howard Donald de 22, Jason Orange de 20, Mark Owen de 18 y Robbie Williams, de 16. Decidió testearlos en el terreno que mejor conocía: los bares y clubes gays de norte de Inglaterra. Ahí aprendieron el oficio: cada fin de semana hacían dos o tres shows, enfundados en cuero y sudor. Martin-Smith consideró que no era suficiente, y también les organizó shows para colegios o eventos diurnos, ideales para un público de chicas adolescentes, donde aprendieron otra parte del oficio, con una sensualidad más discreta. Este doble turno los convirtió en una banda única: tenían el encanto y la ternura suficiente para ser aptos para todo público, pero también el camp y la sexualidad descarada para ser muy provocativos, casi peligrosos. Tenía que funcionar.
En 1991 al fin los vio una discográfica y lanzaron la primera canción, “Do What You Like”, con un video en el que, por ejemplo, juegan con gelatina y una bailarina les limpia los cachetes del culo con un lampazo. En el documental, los hoy cincuentones Take That son respetuosos y agradecidos de esos comienzos. “Nigel quería llamar la atención”, dice Barlow quien, después de esa ultra exposición, se vio en la obligación de escribir hits, algo que logró recién en 1993 con su primer número 1, “Pray”. Y entonces, el superestrellato. Take That tuvo doce números uno y vendió 50 millones de discos, aunque nunca logró cruzar su éxito a Estados Unidos. El documental es franco acerca del vampirismo y la intensidad de las fans, que se instalan durante años frente a las casas de los chicos: la madre de Robbie Williams tuvo durante dos años cerrada una de sus ventanas. También en cuanto a la competencia y frustración entre los integrantes destinados a ser los bailarines hermosos, objetos decorativos; el que componía y era rico (Barlow), y el que tenía la capacidad para firmar canciones, pero solo se le permitía ser el cachorro medio salvaje (Williams). Y no esquiva la nula capacidad de la industria y el management para contener las presiones y su salud mental, aunque tampoco los victimiza en exceso. En 1995, Robbie Williams comenzó una carrera solista monumental, cargando con su depresión, su alcoholismo y su inseguridad. La banda no resistió su salida y tampoco el enorme enojo de Robbie, que se encargó de defenestrarlos permanentemente, de desmarcarse de la banda hasta que su propia carrera también se derrumbó y, en 2010 volvió al grupo reformado con la guardia baja y una lista de viejas querellas. En el medio, Gary Barlow decidió comer hasta la obesidad para que no lo reconocieran en la calle, Howard Donald estuvo al borde del suicidio, Mark Owen ganó Gran Hermano Famosos con el 80 por ciento de los votos y cuando la banda se reformó Jason Orange decidió echar al manager para tener más control de su etapa adulta.
Take That Protagonistas de una miniserie documental de Netflix Archivo
Take That es una serie sobre qué pasa después de la juventud, cómo se hace adulto un joven moldeado para ser bello y manufacturado, para acompañar durante pocos años y ser olvidado, un póster tirado a la basura o guardado con nostalgia en un cajón. Hoy que la madurez y el paso del tiempo se viven como una auténtica desgracia, la carrera de estos trabajadores del espectáculo, llenos de dignidad y humor, es una especie de alivio. Take That no es una historia didáctica de superación y resiliencia, sino algo mejor: una serie sobre cómo navegar la mayor exposición en la industria del pop y sobrevivir como se pueda, lleno de moretones y naufragios, pero también con integridad.
Mariana Enriquez – Página 12
