Vanina Ferreccio, doctora en Ciencias Sociales, analizó el traslado de mujeres encarceladas al penal de Recreo, la vida carcelaria y las aflicciones de familiares. Para la investigadora del Conicet y del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (UNL), “la población carcelaria y sus familiares no forman parte de la comunidad y la ciudadanía”, teniendo en cuenta el empobrecimiento y la vulneración de derechos que afectan a esos sectores sociales. En diálogo con Zona Crítica, evaluó la decisión política de quitar las cárceles de los centros urbanos y de desarrollar una arquitectura carcelaria que despersonaliza a las personas privadas de la libertad.
La investigadora, de larga trayectoria en la investigación del mundo carcelario especialismente relacionado con las mujeres, sean ellas internas o familiares de presos o presas, destacó que, frente a la difusión permanente de traslados masivos de cárceles o de comisarías a nuevas cárceles, “esto forma parte claramente de una política que excede a Santa Fe, una política que se está dando en muchos lugares, que tiene que ver justamente con mover las cárceles, sacarlas de los centros urbanos y establecerlas en lugares desérticos, alejados, muy poco comunicados. ¿Qué implica eso?, una cantidad de problemas, no solamente para los familiares de los detenidos que empiezan a instrumentar toda una serie estrategias costosas en todos los planos (…) costosas económicamente, costosas logísticamente, costosas afectivamente, digamos, porque la idea es de tratar de mantener los vínculos con estas personas detenidas, sino también para todos los agentes extracarcelarios que hacen mucho justamente por por la construcción o la negociación del orden, porque la vida pueda tener lugar o pueda desarrollarse en ciertas condiciones de normalidad dentro de las prisiones que son, por ejemplo, los docentes universitarios, las personas que van a ofrecer talleres de teatro, de literatura, talleres de lectura adentro de la cárcel y que a partir de estas movidas se encuentran muy dificultados mantener, sucede cuando la cárcel empieza a estar a 20 km, 30 km de las ciudades”, destacó la entrevistada.
“El caso de Piñero es un ejemplo, una Unidad que se inaugura con transformaciones muy fuertes para las familias por las dinámicas de sostenimiento, sobre todo de aquellos detenidos que están a cargo de en su sostenimiento de mujeres, que están cada vez más empobrecidas, mujeres que están a cargo de las familias, sobre exigidas, esto no es una novedad”, enfatizó la docente.
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